“Hay algo en su figura que alcanzó un carácter casi místico, tanto para quienes hacemos teatro como para la comunidad LGTB, y eso es muy importante para nosotros”, dice Damián Mai, uno de los organizadores del Festival de Artes Escénicas Batato Barea, que se realizará en Rojas del 9 al 12 de octubre. El encuentro rinde homenaje al actor y performer juninense que brilló en la escena del Centro Parakultural y la discoteca Cemento, emblemas del under porteño en los años posteriores al retorno de la democracia.
Durante la entrevista, Mai habla fuerte: detrás suyo alguien canta. Coloca el celular frente a él y se disculpa entre risas: “Falta tan poco para el festival que estamos a mil”. Su imagen se recorta entre el pasillo de un teatro y unos telones rojos y bordó. Formado como actor en la Universidad Nacional de las Artes, es la primera vez que se pone al hombro un proyecto de esta magnitud.
Oriundo de Rojas, Mai impulsa el festival junto a Juana Aguer, amiga del pueblo, compañera de la UNA y hoy colega en la producción. Ambos decidieron crear este encuentro con el deseo de homenajear a Batato Barea y, al mismo tiempo, contribuir a la descentralización de la escena teatral argentina, todavía muy concentrada en la capital del país. En ese sentido, el festival se propone desmentir el refrán “Dios está en todos lados, pero atiende en Buenos Aires”, llevando nuevas producciones y narrativas a otros puntos del territorio bonaerense.
La idea nació en la pandemia, cuando Mai, Aguer y un grupo de amigos comenzaron a investigar con más profundidad la escena teatral de los años ochenta. Aunque ya la conocían por haberla estudiado en la facultad —y por videos, películas y textos sobre la época—, durante ese tiempo decidieron adentrarse en una búsqueda más exhaustiva, especialmente en torno a la figura de Barea, que rápidamente captó su atención. En medio de esa investigación, una amiga les comentó un dato que los sorprendió: Batato estaba enterrado en Rojas, el mismo pueblo donde ellos habían nacido y crecido, antes de mudarse a la capital para estudiar actuación. El hallazgo les resultó conmovedor. “No lo podíamos creer”, dice Mai. Estaban sumergidos en el universo Batato, leyendo todo lo que encontraban sobre él, viendo películas y entrevistas, cuando descubrieron que su tumba quedaba a unos pocos kilómetros de su casa natal.
Esa revelación los marcó profundamente. En sus creaciones —por entonces trabajaban juntos en un dúo llamado “Gacela”— retomaban muchos de los gestos y búsquedas que asociaban con Batato: la libertad, la transgresión, el desparpajo, la mezcla entre humor y poesía. Su figura, explica Mai, cobró para ellos un carácter casi sagrado.
El año en que Batato hubiera cumplido sesenta (el actor, que se definía como «clown travesti literario» falleció a los treinta debido a una infección por VIH) decidieron hacerle una fiesta de cumpleaños. Una amiga les prestó una casa en el campo, y allí organizaron una celebración íntima pero intensa: invitaron a colegas de Rojas y de Buenos Aires, contrataron parlantes, llevaron DJs, decoraron los espacios, proyectaron una película sobre la vida de Barea y armaron un altar con velas, flores y objetos. “Las personas que lo conocíamos éramos cinco, pero fue espectacular”, recuerda Mai. En ese altar, incluso quienes no sabían mucho sobre el actor comenzaron a dejar ofrendas espontáneas: comida, amuletos, flores.
Después de cantarle el feliz cumpleaños y soplar las velas de la torta que preparó para la ocasión la mamá de Mai, una de las velitas —puesta dentro de un frasco de mermelada— estalló de repente. “Fue muy loco, terminamos de cantar y explotó el vaso”, dice el actor.
Al día siguiente, con el cuerpo cansado y la energía de la fiesta todavía en el aire, decidieron ir al cementerio de Rojas. Llegaron justo cuando el sepulturero estaba cerrando y, pese a su negativa, insistieron en entrar. El hombre les dijo que no y se fue, pero el grupo de amigos decidió rodear el lugar, trepar por el tapial e ingresar de todos modos. Caminaron en silencio entre las tumbas hasta llegar al nicho de Batato, donde dejaron unas fotos y pasaron un rato compartido entre risas y emoción. En ese momento, empezó a llover.
De esa experiencia —la fiesta, el altar, la visita al cementerio— nació el deseo de crear algo más grande: un festival que recuperara ese espíritu de comunidad, celebración y homenaje. Así empezó el Festival Batato Barea, como un modo de devolverle vida al mito desde el lugar donde ahora reposa. Además, Mai explica que el año pasado tuvieron la oportunidad de participar del Festival de Teatro de Rafaela (al que asisten teatristas de todo el país y hace veinte años tiene lugar en la ciudad santafesina) y que en ese momento pensaron: “Esto lo tenemos que hacer en Rojas”.
La programación
La primera edición del Festival de Artes Escénicas Batato Barea tendrá su inauguración este jueves 9 a las 18.30 en la Plaza de la Diversidad, con una propuesta gratuita y al aire libre que abrirá el pulso del festival. Bandas locales de rock, una banda indie y artistas circenses se sumarán a una jam de artes visuales con pintura en vivo y lectura de poesía. Una apuesta a tomar el espacio público como punto de encuentro y territorio de experimentación, en sintonía con esa búsqueda del Parakultural de “sacar al teatro del teatro”.
El viernes 10 comenzará la programación teatral con la función de “Manuelita. Lo que me pasó a mí, o lo que le pasó a todo el mundo”, escrita y dirigida por Alejo Sulleiro, dramaturgo oriundo de Río Negro. La obra, que ganó la Fiesta Provincial de Teatro y participó de la Fiesta Nacional, retrata el despertar sexual de un adolescente en un pueblo patagónico. “Es una pieza que nos conmovió”, cuenta Mai. “Habla del deseo y la identidad en contextos donde cuesta nombrarse. Además, Alejo diseña sus propios vestuarios, como hacía Batato. Tiene algo de esa creatividad artesanal, de hacerlo todo que nos interesa mucho”, explica. Esa noche, el festival también presentará “La audición final” en PIPA, una actividad gratuita y nocturna que reunirá a artistas locales en clave performática.
Además de la función, ese mismo día el festival ofrecerá el taller “Probá el teatro”, coordinado por la actriz entrerriana Catalina Silva, destinado a personas sin experiencia previa. Será un espacio gratuito, lúdico y abierto, pensado para quienes quieran acercarse por primera vez al escenario.
El sábado 11 será el turno de “No me muero”, de la actriz y clown marplatense Julieta Carrera, en el Espacio Cultural La Minga. A través del humor y el absurdo, la obra explora el sinsentido del trabajo y las dificultades del encuentro humano. “Queríamos que el clown estuviera presente —dice Mai—. Es un lenguaje esencial para entender a Batato, esa mezcla de risa y dolor, de ternura y rebeldía”. Más tarde, la noche se trasladará a la cervecería Chinche con “Puré de Batato”, un varieté con monólogos desfachatados, performance y poesía. Habrá artistas de Rojas, Entre Ríos y Salto, y participará Marina Carrasco, actriz local de importante trayectoria. También se sumará una performance queer en la que una artista leerá poemas y bailará entre el público, invocando la energía de Batato desde la cercanía.
El domingo 12, la jornada de cierre propondrá un recorrido más introspectivo. A las 16 se inaugurará la “Instalación Batato” en la Casa de la Cultura, seguida de una procesión performática hacia el cementerio municipal, donde descansan los restos del artista. La función de clausura será a las 19.30 en el Teatro TAFS con “Breve enciclopedia sobre la amistad”, del Grupo BESA. La obra cruza danza, música, teatro y literatura para reflexionar sobre los vínculos y los procesos creativos desde la adolescencia. “Nos gustaba que tuviera ese desparpajo interpretativo, esa energía destartalada y vital que también tenía Batato”, señala Mai.
“Queremos que el pueblo sepa que Batato está acá, que lo conozca. Su figura quedó muy encerrada en el circuito del arte, y este festival busca popularizarla, volverla del pueblo, y así también hablar de temas que en las grandes ciudades están más instalados, pero acá no tanto. Traer estas obras es un movimiento grande. No sé cómo va a salir, si al público le va a gustar, si se va a sentir interpelado, pero hay mucho entusiasmo”, dice Mai, feliz. Las entradas para todas las funciones pueden adquirirse de manera presencial en Casa Jarabito (Constitución 473), a través del Instagram del festival (@festival batato) y de manera virtual por la plataforma Alternativa Teatral.
Fuente: https://www.pagina12.com.ar/
👉 Unirme al canal

