Tenía 78 años. Había asumido su tercera presidencia el 12 de octubre de 1973. Nacido en 1895, fue vicepresidente, ministro de Guerra y secretario de Trabajo del gobierno militar iniciado en 1943. La clase obrera ingresó a la política de su mano, cuando la manifestación del 17 de octubre de 1945 lo catapultó al primer plano.
Ganó la presidencia en 1946 y, previa reforma constitucional en 1949, logró la reelección inmediata, algo inédito en la Argentina, acompañado por su esposa Eva, en medio de una profunda transformación económica y social del país. Derrocado en 1955, pasó 18 años exiliado hasta su regreso definitivo en 1973, para ser elegido presidente con el 62 por ciento de los votos.
Por su velatorio en el Congreso pasaron alrededor de 150 mil personas. Más de un millón rodearon al Congreso. Los discursos de homenaje fueron varios. El más célebre fue el del presidente del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical, Ricardo Balbín. “No sería leal si no dijera también que vengo en nombre de mis viejas luchas, que por haber sido claras, sinceras y evidentes permitieron en estos últimos la comprensión final, y fui recibido con confianza en la escena oficial que presidía el presidente muerto. Ese diálogo amable me permitió saber que él sabía que venía a morir a la Argentina, y antes de hacerlo dijo que quedaron atrás las divergencias para comprender el mensaje de la convivencia en la discrepancia útil”, expresó. Luego vino la frase histórica: “Este viejo adversario despide a un amigo”.
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