Cada vez con más insistencia y en mayor cantidad, la economía entrega señales de agotamiento. Las diferentes estadísticas e indicadores coinciden en trazar un panorama en el que la actividad no solo se ha estancado, sino que está iniciando un camino de retroceso.
Los datos negativos se multiplican en los informes oficiales del Indec y en las planillas de Excel de las principales consultoras y centros de estudio. Con demora, reflejan un fenómeno que en las calles, los negocios y las industrias se viene sintiendo hace largo rato.
Así, entre los analistas empieza a tomar cuerpo un planteo impensado hasta hace unos meses: que antes de que termine el año, la economía argentina podría entrar en recesión. Ese término caracteriza los ciclos en los que hay un retroceso global de la actividad al menos por dos trimestres consecutivos.
La mayoría de los análisis coinciden en que el conjunto de la economía dejó de crecer; que el segundo trimestre cerró globalmente con números negativos, más allá del arrastre estadístico de meses previos que pueda dejar un saldo interanual positivo; y que la tendencia podría continuar en los próximos meses ante la falta de potencia de los rubros beneficiarios del modelo (minería, gas, petróleo, agricultura y bancos) para compensar el derrumbe del resto.
Aunque el dato oficial del PIB recién se conocerá este jueves, muchos informes privados anticipan que el resultado del segundo trimestre habría sido negativo. La Universidad de San Andrés (UdeSA), a través de su Centro de Estudios Cuantitativos en Negocios, calculó que entre abril y junio el producto bruto bajó 0,89 por ciento. La agencia Bloomberg reunió informes de cinco consultoras de primer nivel de la City y todas ellas estimaron descensos de entre 0,5 y 1% en la medición desestacionalizada (comparación contra el trimestre anterior) del PIB. Del mismo modo, la encuesta mensual del Banco Central (REM) recogió el cambio de expectativas del mercado: los mismos analistas que en junio pronosticaban una suba trimestral del 0,6%, a fin de agosto recalcularon y señalaron que la caída fue de 0,9 por ciento.
En ese sentido, los informes del Indec publicados en la última semana encendieron todas las alarmas, al dar cuenta de que en julio la industria retrocedió 5% y la construcción un 4,6 con relación al mes previo. Sorpresivamente, también cayó 0,9% en el mes la minería, uno de los sectores a los que supuestamente le va bien. La explicación: mientras la producción de gas y petróleo crece a pasos agigantados, la contratación de servicios de apoyo para su extracción retrocede. Una muestra más de que el modelo de generación de riqueza no derrama beneficios entre las empresas locales.
Esos números robustecen la hipótesis de que la tendencia se mantiene para el tercer trimestre. A los informes ya citados del Indec, se suman los de la consultora Equilibra, que pronosticó una baja global de 0,5% en julio, y del Centro de Investigación del Ciclo Económico (CICEC, que depende de las Bolsas de Comercio de Santa Fe y de Rosario), que advirtió una caída de 0,6 por ciento. En el primero de ellos hay un detalle que define la sensación de la «economía partida en dos»: el sector no primario tuvo un retroceso de 1 por ciento.
Por su parte, el Grupo Construya, integrado por empresas líderes en la fabricación de materiales e insumos para la construcción, dijo que en agosto sus miembros vendieron 3,46% menos que el mes anterior. A través de una serie de indicadores de alta frecuencia, que combinan variables financieras (Merval, precio FOB de la soja) con estadísticas privadas y datos de política fiscal y monetaria, la Universidad Torcuato Di Tella pronosticó que “la probabilidad de salir de la fase expansiva en los próximos meses se ubica en 81 por ciento”.
Fuente: https://www.tiempoar.com.ar/
👉 Unirme al canal

