La fecha fue establecida en 1972 por iniciativa de la Administración Nacional de Recursos Hídricos para concientizar sobre el uso responsable, la preservación y la gestión sostenible de los recursos hídricos, considerados limitados y frágiles.
Con la celebración de este día se busca promover la educación hídrica y destacar la importancia del agua para la vida, así como sensibilizar a la población y a los gobiernos sobre el valor del agua como recurso esencial.
Se destaca que solo una pequeña fracción del agua mundial es dulce y apta para el consumo humano, lo que hace urgente su preservación.
La jornada busca fomentar acciones de conservación y el uso racional, reforzando la idea de que la gestión del agua es responsabilidad colectiva.
El debate actual. La voz de los obispos patagónicos
Por estos días, en el Congreso de la Nación se debate una modificación a la Ley de Glaciares. En este marco, los obispos de la Región Patagonia-Comahue en Argentina se pronunciaron sobre el debate de la Ley de Glaciares, que se llevó a cabo en el Congreso mediante una audiencia pública previamente anunciada, la cual recibió denuncias por graves irregularidades en el proceso de participación.
En una carta con fecha 30 de marzo, los obispos de las diócesis de Neuquén, Viedma, San Carlos de Bariloche, Comodoro Rivadavia, Rawson, Esquel, Río Gallegos, y Alto Valle del Río Negro denunciaron que “la participación democrática [está] amenazada… como los hielos y el agua”.
En su carta, los prelados manifiestan “mucha pena” ante el modo de proceder aplicado en la audiencia pública convocada por la Cámara de Diputados de la Nación, la cual “debería cumplir con lo exigido por distintos acuerdos e instancias legales” para hacer oír la voz del pueblo.
En ese sentido, advierten que se trata de una metodología que se repite en la Patagonia cada vez que se trata algún tema ambiental que toca intereses de proyectos mineros, y que consiste en “cercenar y anular intervenciones, impedir ingresar al recinto donde se desarrolla el debate, desestabilizar oradores e incluso incorporar a algunos que no estaban en la lista”.
Los prelados describen esto como “estrategias de manual” que desde hace décadas se llevan a cabo en el territorio de la Patagonia, donde “también despliegan presiones económicas, laborales e incluso afectivas; recurren a promesas y dádivas” e incluso “amedrentan llenando los lugares de las asambleas y sus alrededores con personas movilizadas, expertas en generar ruido y miedo”.
“Recorren los lugares, copan canales de televisión y diarios con futuros promisorios, denostan a quienes podemos tener dudas, preguntas y hacer advertencias, llevándonos al lugar de ser promotores de la pobreza y estar en contra del progreso. Otras veces nos acusan de fundamentalistas, o de tener sesgos ideológicos o partidarios”, enumeran.
Sin embargo, señalan los obispos, de quienes ejecutan esas metodologías: “ninguno respira nuestro aire: están a miles de kilómetros; tampoco beben o se nutren del agua de nuestros ríos. Porque de eso se trata: del aire y del agua. Ambas valen más que el oro, la plata, el dinero o un pseudo progreso que no respeta los estándares que en sus mismos países de origen les exigen”.
“Queremos un futuro mejor para todos. Son los que han tenido distintas responsabilidades en los poderes del Estado quienes nos han llevado a esto; no quieran sacarnos del lugar donde han dejado a la Argentina pidiéndonos que entreguemos lo poco que nos queda y distingue a la Patagonia: sus ríos y lagos. Su agua”, subrayan.
“Ya ahogaron la voz de infinidad de anotados, la voz de un pueblo”, destacan, refiriéndose a las más de cien mil personas que se inscribieron para ser parte de la audiencia pública, de las cuales menos del 1% fue autorizado a participar. “Ya enrarecieron el debate; no nos intoxiquen también el aire”, concluyen.
Fuente: https://www.aciprensa.com/
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