San Óscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, tenía 62 años y estaba a cargo de la diócesis de la capital salvadoreña desde 1977. Había denunciado el accionar de los grupos paramilitares y lo mataron mientras celebraba misa en una capilla, cuando un francotirador le disparó en el pecho.
En 2011 se divulgó el nombre del asesino: Marino Samayor Acosta, un subsargento que dijo haber recibido la orden de Roberto d´Aubuisson, el creador de los «Escuadrones de la muerte».
Romero nació en 1917 en Ciudad Barrios (El Salvador). De familia humilde y segundo de ocho hermanos, después de la escuela estudia para carpintero; pero más que carpintero quiere ser sacerdote, así que a los trece años ingresa al Seminario menor claretiano de San Miguel y en 1937 pasa al Seminario de San José de la Montaña de San Salvador, dirigido por jesuitas. Ese mismo año, se traslada a Roma para estudiar teología en la Pontificia Universidad Gregoriana; allí conocerá a monseñor Giovanni Battista Montini, el futuro papa Pablo VI. El día de su ordenación sacerdotal, 4 de abril de 1942, escribe en su diario: “Deseo ser una hostia para mi diócesis”. Casi una profecía de cuál iba a ser su destino.
Romero fue beatificado en 2015 y canonizado en 2018.
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