El 1 de septiembre de 1939 la Alemania nazi liderada por Adolf Hitler atacó a Polonia, desencadenando la Segunda Guerra Mundial. Los aliados de Polonia, Gran Bretaña y Francia, inmediatamente declararon la guerra a Alemania. A pesar de ello, Polonia cayó en pocas semanas en poder de los nazis, y su capital, Varsovia, capituló el 28 de septiembre.
El comienzo de la guerra y la ocupación nazi conllevaron una enorme destrucción. Los cambios rápidos y sin precedentes exigieron del individuo y del colectivo confrontar dos frentes: uno, el estallido del conflicto cuales ciudadanos polacos expuestos a los daños de la guerra y las dificultades que la acompañaban; el otro, el de la guerra dentro de la guerra, de los alemanes contra los judíos, que se manifestaba en el trato especialmente duro contra estos últimos y los decretos humillantes y restrictivos.
Las dos primeras acciones de la invasión –y, por tanto, de la Segunda Guerra Mundial– fueron aéreas. De hecho, sin desdeñar todos los demás factores, la abrumadora superioridad de la Luftwaffe frente a la Fuerza Aérea Polaca sería decisiva en el desarrollo de las hostilidades. En la campaña polaca, Alemania empleó 1.580 aviones, entre ellos Junkers Ju 87 (los famosos Stukas), Messerschmitts, Dorniers y Heinkels He 11.
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