Nos vemos inmersos en un sistema de deshumanización continua donde, comenzando por el Presidente, y pasando por organismos que deberían garantizar derechos, se revictimiza a las personas con discapacidad y sus familias sin la mínima reflexión sobre los daños.
Asistimos a un momento social terrible, donde J. Milei y su Gobierno, asumen la crueldad como bandera y modelo político, siendo la asistencia humanitaria y de la salud vinculada a las infancias (Hospital Garrahan) y sectores de discapacidad el angustiante foco de recorte.
La semana pasada, miles de personas con discapacidad recibieron notificaciones para “auditar” su discapacidad. Teniendo que hacer largas filas de espera en oficinas estatales y volver a acreditar con un especialista médico su invalidez o discapacidad, (la mayoría saturando el sistema de salud público). Debiendo viajar, movilizarse kilómetros y kilómetros, con el único objetivo de recortar pensiones a quienes las necesitan.
Muchísimos de ellos de Chacabuco, que deberán trasladarse a Junín, con todo lo que eso implica para una persona con discapacidad. ¿Cuánto más se puede tolerar la negligencia estatal hacia uno de los sectores más vulnerables de nuestro pueblo?
Milei desconoce el entramado de dificultades y sin fin de terapias que deben sostener dichas familias a diario, o cuánto lucharon para obtener los derechos que les garanticen los apoyos necesarios para acceder a una vida digna o poder desarrollarse en igualdad de oportunidades.
La única mención del presidente a la emergencia que tomó estado público y agenda nacional en la última semana es burlarse en redes sociales de Ian M. un niño activista con condición del espectro autista, quien con su mamá intentó dar a conocer la desesperante situación que viven las familias del sector.
Esto profundiza la desigualdad, desoyendo la crisis y emergencia en discapacidad que implosiona en el sistema sanitario.
Necesitamos volver al paradigma de la inclusión social donde todas las personas son dignas de respeto y accedan a la igualdad de derechos. En una sociedad que bregue para que cada individuo se desarrolle plenamente con respeto por la diversidad humana y apelando a una mirada empática y compasiva de los que más sufren.
Este camino de crueldad solo re victimiza, y fomenta la intolerancia. ¿Cuánta violencia más pueden ejercer en nombre de esta “libertad”?
Sobre un sector que necesita imperiosamente que se les tiendan puentes comunitarios para mejorar la calidad de vida.
Solo recuperar la ternura y empatía nos hará una sociedad más humana, no perdamos la sensibilidad frente al sufrimiento de los más indefensos.
Ivana Grobets
Psicopedagoga y militante política
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